“Yo no me preocupo por el dinero, las finanzas las maneja mi esposo”, “no estoy segura de lo que tenemos, él lo maneja todo”, “Me quiero divorciar pero no puedo porque mi esposo maneja el dinero y me quedaría sin nada”, “Hubiera invertido desde joven y ahorita tendría más libertad financiera”. ¿Has escuchado alguna de estas frases? Yo sí, varias. De hecho, mi  propia frase sería “¿por qué no empecé a invertir cuando estaba en la universidad?”. Hemos crecido escuchando estas frases o alguna similar que nos lleva a creer que la independencia económica no es inherente a la mujer. Estas afirmaciones han sido históricamente normalizadas como resultado de una sociedad que ha entendido a la mujer en dependencia a su estado civil y a su carencia de patrimonio propio. Por ejemplo en la antigua Roma, la mujer era sometida primero a su padre y luego a su esposo, sin ningún derecho a tener finanzas propias o herencia, asimismo su padre era el encargado de preparar su dote y dependiendo del valor de esta así era el matrimonio al que podía aspirar. Esta dote –bienes, dinero, animales- era inmediatamente traspasada a su esposo quien se volvía el dueño del dinero y de la mujer misma. Pensaríamos que esta diferencia y brecha entre hombres y mujeres ya no se da. Si bien hemos avanzado muchísimo en términos de igualdad y este ejemplo de la dote es muy poco común hoy en día en la mayoría de las sociedades, la dependencia financiera de la mujer hacia el hombre sigue estando muy presente.

La enorme falta de participación de las mujeres en el manejo de sus finanzas no es una cosa del pasado. En la actualidad, las mujeres seguimos teniendo poco conocimiento y control de nuestro patrimonio. ¿Te sorprenderías si te dijera que el 66% de las mujeres en México no tienen educación financiera y que solo el 33% de mujeres adultas tiene una cuenta de ahorro, en comparación al 50% de los hombres adultos?. Esto significa que 66 de cada 100 mujeres están perdiendo la oportunidad de crear seguridad en su futuro y libertad financiera, ¿increíble, no? Estos comportamientos son similares en el resto de Latinoamérica y en el mundo. De hecho, según investigaciones del World Bank, las mujeres representan el 56% de todos los adultos no bancarizados.

Muchas de nuestras lectoras pensarán: “pero yo manejo las finanzas de la familia”. La verdad es que, una realidad “trampa” en la que caemos las mujeres es en el tomar responsabilidad de las tareas cotidianas y dejarle a nuestra pareja las finanzas de más largo plazo. De hecho, un estudio de UBS Wealth Management destaca que casi todas las mujeres a nivel mundial están muy involucradas en las finanzas del día a día, como los gastos de la casa y el pago de facturas. Pero, según este mismo estudio, aproximadamente el 60% de las mujeres no participa en los aspectos más importantes de su bienestar financiero: inversiones, seguros, jubilación y  otros planes a largo plazo.

Todo esto tiene un impacto enorme. Piénsalo de esta manera: nosotras como mujeres vivimos en promedio 4 años más que los hombres. Estos son 4 años más de gastos a final de nuestras vidas que son años donde no estamos recibiendo ingresos. Además, al empezar a tener hijos, probablemente dejamos de trabajar por un par de años y por ende dejamos de generar ingresos. Si a esto le sumamos la falta de cultura financiera en nuestros países donde nunca nos enseñaron finanzas personales para mujeres en nuestros colegios, la brecha salarial en la cual las mujeres ganamos muchos menos que nuestros iguales hombres, y además la parte tradicional que es pensar que las finanzas personales se deja a la pareja, nos encontramos en una situación de mucha desventaja.

¿Por qué me debería de importar aprender a manejar mis finanzas personales?

En este artículo te voy a dar 4 razones, con las cuales espero convencerte de la importancia de que HOY empieces a manejar tus propias finanzas:

1) Las mujeres enfrentamos retos únicos

La falta de educación financiera tiene un impacto enorme en nuestras vidas. Como mujeres enfrentamos desafíos únicos debido a que nuestra expectativa de vida es más larga que la de los hombres, los ingresos de por vida más bajos y es común tener interrupciones profesionales. Por si eso no fuera suficiente, culturalmente somos vistas como el género dependiente. La libertad e igualdad de la mujer están correlacionadas con su capacidad de ser financieramente autosuficiente. Esta es una razón por la cual debemos empezar hoy a organizar nuestras finanzas y generar un patrimonio que nos permita ser financieramente independiente ante cualquier situación.

2) Existe una relación entre la dependencia financiera y la violencia en el hogar

Los sociólogos que estudian la dinámica del poder dentro de las familias han descubierto que cuando un miembro de la pareja depende económicamente del otro, el dependiente tendrá menos poder en la relación. Dado que, en promedio, las mujeres ganamos menos que los hombres en un nivel similar al nuestro, la dependencia económica hace mucho más difícil que abandonemos un matrimonio disfuncional o relaciones abusivas. De hecho una de las mayores razones por las cuales las mujeres no salen del círculo de la violencia o no denuncia a su agresor es porque les da miedo quedarse sin nada.

Cuando hablamos de violencia no solo nos referimos a la violencia física, si no también a la violencia patrimonial o violencia económica. Este tipo de violencia abarca cualquier acto u omisión que afecta la situación económica de la víctima, como por ejemplo negar los recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades básicas, causando violencia emocional. Estos escenarios son más comunes de lo que pensamos. Según estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México, el 59.4% de las mujeres en México declararon haber sido abusadas emocional y / o físicamente por su pareja.

3) La educación financiera está inversamente correlacionada con la fragilidad financiera

Tener más conocimientos financieros se asocia con una mayor probabilidad de poder manejar dificultades financieras inesperadas.

Según un estudio del Global Financial Literacy Excellence Center (GFLEC), realizado por la universidad de George Washington hay una fuerte correlación inversa entre la educación financiera y la fragilidad financiera. Una manera de medir la fragilidad financiera es la capacidad de disponer de manera rápida de efectivo para solventar un imprevisto sin tener que endeudarte. Los datos del estudio reflejan que la educación financiera reduce significativamente la probabilidad de que las personas caigan en una situación de fragilidad financiera. Esta tendencia se mantiene en todas las edades, niveles educativos y sectores sociales. ¿La razón? Quienes cuentan con educación y cultura financiera tienen mayores probabilidades de planificar su jubilación, de controlar sus gastos y de ahorrar, reduciendo la probabilidad de caer en una situación de fragilidad financiera hasta en siete puntos porcentuales.

4) La falta de educación financiera perpetúa la brecha de riqueza de género

Ya que las mujeres tenemos menos educación de finanzas personales para mujeres, dejamos de enfocarnos en la construcción de nuestro patrimonio y de nuestra seguridad financiera en el futuro. El crecer sin aprender sobre la importancia de la planificación financiera a futuro se manifiesta en que tendemos a invertir menos. La desventaja que nos trae el no invertir y no prepararnos para el largo plazo puede costar más dinero que la misma brecha salarial por género. Según la revista Money, las mujeres pueden dejar de ganar hasta aproximadamente $1 millón al no invertir al mismo nivel que sus contrapartes masculinas a lo largo de su vida profesional. Esto afecta los niveles de riqueza que tenemos al llegar a la jubilación.

¿Por qué nos aferramos a ignorar nuestro futuro financiero?

Primero, hay que entender las causas de por qué nos encontramos en esta situación:

1) Existe una brecha de género en ingresos:

Las mujeres experimentamos una brecha salarial sin importar la industria, los años de experiencia o el nivel de educación. Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en México señalan que en el 2019 en México, a las mujeres se nos pagó un 18.8% menos que a los hombres. Esto significa que por cada $1 que un hombre ganó, las mujeres ganamos $0.81 centavos. Sorprendentemente, la brecha incrementa para las mujeres con estudios terciarios que trabajan a tiempo completo. Estas reciben el 66% de los ingresos de los hombres. Es decir, por cada dólar que gana un hombre con maestría, una mujer con maestría gana $0.66 centavos. Además, para ganar lo que un hombre gana en el mismo nivel, una mujer en promedio debe trabajar casi dos meses más cada año. Esta brecha salarial perpetúa la falta de autonomía financiera en las mujeres y limita la capacidad de obtener independencia y libertad financiera.

2) La industria financiera no toman en cuenta las variables específicas de la mujer

Las disparidades en el acceso financiero y la falta de soluciones financieras centradas en las necesidades de la mujer son dos de los principales factores que limitan las posibilidades de las mujeres de adquirir libertad financiera y poder económico y que contribuyen a la brecha de género en la participación financiera y en la riqueza hacia las mujeres.

La industria financiera dominada por hombres no ha mostrado interés en ofrecer sus productos o servicios a las mujeres. Según el McKinsey Global Institute, la falta de servicios financieros inclusivos que permitan a las mujeres sentirse seguras invirtiendo es uno de los 4 problemas principales que impiden la igualdad de género.

Las instituciones financieras no ofrecen inversiones para mujeres, es decir servicios que tengan en cuenta características exclusivas de las mujeres, tales como: mayor aversión al riesgo, horizontes de inversión más largos, necesidad de mayor capital en el retiro dado la esperanza de vida más larga en comparación a la del hombre, entre otros. Esta desconsideración hace que las mujeres sientan que los asesores y las instituciones no comprenden sus necesidades financieras.

Según un estudio de Poverty Action Lab, el camino hacia una mayor inclusión financiera de la mujer depende de la creación de un sistema financiero más inclusivo en términos de género que pueda superar las barreras específicas a las que se enfrentan las mujeres y cumplir sus necesidades. El estudio enfatiza que estas barreras van desde algo tan básico como la falta de bienes para dar en garantía a restricciones más estructurales, como los requisitos de apertura de cuentas que dejan a las mujeres en desventaja. El tener productos de inversiones para mujeres mejoraría la probabilidad de que las mujeres comencemos a invertir.

3) Falta de cultura financiera y educación financiera

Crecemos en una sociedad que nos enseña que las finanzas no son tarea de las mujeres. Culturalmente en nuestra sociedad, y esto es claro generalizando, las mujeres se asocian tradicionalmente con las actividades del hogar y generalmente no reciben la misma educación financiera que los hombres. La mayoría crecemos pensando que el dinero es algo que maneja nuestro padre y que las finanzas son cosas de hombres. No es de extrañar que el 47% de las mujeres considere que invertir es una de las actividades más estresantes de sus vidas. El 83% justifica las diferentes decisiones financieras a largo plazo ante sus cónyuges diciendo: “Creo que mi cónyuge sabe más sobre este tema que yo.” “Nos dividimos las tareas y mi enfoque es en otras responsabilidades”. A las mujeres nos enseñan a ser muy buenas ocupándonos del día a día, y a dejarle las decisiones de largo plazo a nuestra pareja. Somos excelentes enfocándonos en el presente, en toda la parte “operacional del hogar”, pero dejamos de un lado la planificación financiera para nuestro futuro, y no nos damos cuenta del error hasta que es muy tarde.

4) La percepción que las mujeres somos malas con las finanzas

Las mujeres crecemos pensando que no tenemos que aprender a manejar las finanzas porque “alguien” las va a manejar por nosotros, ya sea nuestro papá o pareja porque ellos son mejores que nosotras en este tema. Un estudio de UBS señala que en los Estados Unidos, las mujeres optan por no participar en decisiones financieras a largo plazo porque creen que no saben lo suficiente y que sus cónyuges saben más. El dejar participar en decisiones financieras causa muy a menudo que no intentemos aprender.

Y si intentamos aprender, la creencia de que somos malas manejando la finanzas también se traduce en querer sobrecompensar por nuestras inseguridades. En general, siendo las mujeres más perfeccionistas, queremos asegurarnos que sabemos absolutamente todo antes de comenzar a tomar decisiones financieras. Antes de comenzar a tomar control de nuestro dinero nos decimos a nosotras mismas “quiero aprender más antes de hacerlo”, “No estoy lista, tengo que aprender más”, “todavía no se lo suficiente”. Esto nos lleva a esperar y esperar hasta sentirnos expertas. Lo malo es que este sentimiento nunca llega.

Te voy a decir algo que rara vez nos dicen: en realidad las mujeres somos excelentes con las finanzas. Numerosos estudios realizados por instituciones financieras de mucho prestigio demuestran que ,en general, las mujeres obtienen mayores retornos ajustados al riesgo en sus inversiones que las de los hombres. Esto se da principalmente porque las mujeres somos más aversas al riesgo cuando invertimos y tendemos a ajustarnos a nuestras estrategias de inversión a largo plazo más disciplinadamente. De hecho el error más grande que cometemos con nuestras finanzas es no planear para nuestro futuro: no invertir.

¿Qué puedo hacer yo para cambiar esta situación?

Después de haber leído todo lo anterior, probablemente estás pensando algo como ¿Si todo el sistema está tan mal, qué puedo hacer yo para cambiar mi situación? La respuesta es: ¡Mucho!

Sí, hay muchos problemas culturales y sistemáticos que de no existir la realidad sería otra y no habría necesidad de escribir este artículo. Cambiar estos problemas de brecha de género en finanzas toma tiempo y no depende de una sola persona, pero esto no significa que la solución sea quedarnos con los brazos cruzados y esperar a que la situación cambie por nosotras. Hay muchas cosas que puedes hacer para que desde hoy empieces a cambiar y proteger tu futuro. Te comparto 3 de ellas:

1) La educación es clave y es el primer punto de partida para tu éxito financiero. Es triste que en las universidades no nos enseñan nunca sobre finanzas personales, pero afortunadamente cada vez hay más opciones para aprender.

a. Puedes empezar por leer libros. A mi me gusta “Padre Rico Padre pobre” ya que es un excelente libro para empezar.

b. Leer blogs como Inversión Simple o a’govest es una buena forma de aprender y mantenerte actualizada. Muchas veces las instituciones financieras tienen sus propios blogs también. Encuentra uno que te guste tanto su contenido y su estilo y que sea fácil de entender para que lo disfrutes.

c. Si no eres tan fan de leer, los podcasts son una excelente opción! Hay millones de opciones. Mis favoritos son “Peras y Manzanas” en México, y en Inglés “The Motley Fool”.

d. Sigue a cuentas en LinkedIn, Twitter, Instagram y/o Facebook. También te recomendamos suscribirte a newsletters ya que es la manera más fácil de mantenerte al día de todo lo que pasa en el mundo.

2) No te trates de volver experta de un día al otro. Para empezar, no necesitas ser experta en finanzas para controlarlas y además, sólo te vas a estresar y las vas a abandonar. Empieza por algo, aunque sea poquito y ve agregando cosas poco a poco. Puedes empezar con el propósito de leer un blog a la semana y de ahorrar una cantidad con la que te sientas cómoda cada quincena.

3) Huye de las personas que te prometen maravillas como opciones de inversión y que prometen hacerte millonaria en un mes y sin riesgo. Puede ser muy tentador caer en este tipo de estafas que ponen en riesgo tu dinero.

“La mejor protección de una mujer es tener dinero propio.” Clare Boothe Luce. 

Invertir en nuestra salud financiera es invertir en nosotras mismas. Podemos esperar a que el mundo cambie y se elimine la brecha de género en finanzas  o podemos tomar acciones para manejar nuestras finanzas y lograr ser económicamente libres e independientes. Es tu decisión.

Las consecuencias de no llevar una planeación y control financiera son muchas: violencia en el hogar, fragilidad financiera, dependencia económica, riesgo de no poder enfrentar situaciones desafortunadas e inesperadas, no tener poder sobre nuestras decisiones y poner en riesgo nuestro futuro, entre muchas otras.

No pienses que estás sola en este proceso – te aseguro que no lo estás. El tema de las finanzas personales para mujeres es tabú, pero no debe serlo. Te sorprenderías de cuántas mujeres están en la misma situación que tú. Entre más pronto empieces, más rápido lograrás tus objetivos y obtendrás poder financiero. Seamos la inspiración para nosotras mismas, nuestras amigas, nuestras hijas y otras mujeres. 

Agradecimiento

Este artículo fue una colaboración de Fernanda Cuadra, especialista en finanzas, MBA Chicago Booth y co-fundadora de a’govest – una plataforma de educación y herramientas financieras diseñada específicamente para mujeres en Lationamérica con el objetivo de reducir la brecha de riqueza entre hombres y mujeres. Pueden ver más de su plataforma aquí.

Fernanda Cuadra

Fernanda Cuadra

Co-fundadora de A’goVest, Chicago Booth MBA

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